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Aislado en su casa - en París, en Tucumán o en Tokio -, cualquier persona puede escuchar la primera grabación de "La Marsellesa", ver unos huesos-oráculo chinos de 3.200 años de antigüedad, leer un panfleto político árabe del siglo XV, ver la mítica Biblia de Gutenberg o descifrar el primer planisferio que menciona el nombre de "América". Esas reliquias, que hasta ahora se encontraban atesoradas bajo siete llaves en los principales museos o bibliotecas del mundo, surgen ahora de la pantalla de la computadora e incluso pueden ser impresas, memorizadas en el disco duro o grabadas en un CD o en un DVD. Cómo funciona.
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